El primer inocente
Era su
primero, y el parto se demoraba hasta lo insoportable mientras comités de
sesudos doctores devoraban páginas y páginas buscando inútilmente
explicaciones. Confundidos y avergonzados por su ignorancia, marcharon
abandonando de hecho a su suerte a la parturienta en el ya oscuro paritorio. La
limpiadora tomó entonces su mano con cariño y frotó el sudor de su frente, y
así, en silencio e intimidad, nació el
primer humano sin culpa heredada.
(Imágenes bajo copyright del autor)
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