No sabía pintar, pero llenaba mi vida de colores.
No tenía ni idea de cantar, pero sus palabras sonaban
siempre melodiosas.
Nunca manejó bien el lápiz, pero siempre supo dibujar una
sonrisa en mis labios.
No sabía tocar ningún
instrumento, pero sus manos hacían brotar música de mi cuerpo.
Nada entendía de escultura, pero modelaba nuestras horas
haciéndolas dulcemente eternas.
No pudo concluir su obra, pero me enseñó que no sólo se
aprende arte en los libros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario